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Primera novela escrita en un rollo de papel Higiénico

La cultura es un milagro que separa a los seres humanos del resto de los animales: los hombres pueden leer en el retrete, las mascotas no. Un escultor belga llamado K. Kumèt quiso demostrar este obvio postulado encerrándose junto con su gato en una habitación transparente por el periodo de un mes, a la vista del público de un museo local. Durante treinta días, los asistentes observaron lo siguiente: K. Kumèt, que siguió una dieta rica en fibras y frutas, acudió al retrete treinta y dos veces; el gato, merced a su desordenado metabolismo, hizo lo propio en su caja de arena ciento setenta y dos veces. Las deposiciones se iban registrando en un tablero como anotaciones de un partido de básquetbol. Aunque no se trataba propiamente de una contienda «hombre vs. animal», parte del público celebró el aparente triunfo del gato.

Recién salido del encierro, K. Kumèt explicó la finalidad del experimento en una entrevista para la radio. Durante un mes, a razón de quince minutos por deposición, el artista logró leer cinco libros en el retrete: dos volúmenes de cuentos de Carver, la poesía completa de Aragon, un recetario de cocina francesa y el Apocalipsis. El gato, por supuesto, no leyó nada. «El retrete encierra un camino secreto hacia la cultura», añadió el artista antes de lanzarse a responder las preguntas del público. Muchos de los radioescuchas confesaron sin pudor ser ávidos lectores de inodoro.

Todo baño ofrece un paréntesis de soledad en un mundo superpoblado y cargado de estrés. Un breve momento de respiro al margen de las obligaciones. Destinar o no esos diez o quince minutos diarios al cultivo del espíritu puede establecer la diferencia entre un hombre culto y otro ignorante. En Bélgica –un país educado y patria de K. Kumèt – ocho de cada diez ciudadanos disfrutan leyendo mientras hacen sus necesidades. [Cable de la agencia DPA]. Las excusas sobran cuando alguien quiere superarse de verdad. «Siendo joven, en busca de un lugar seguro donde devorar los clásicos prohibidos, a veces acudía a refugiarme en el retrete», recordaba el escritor Henry Miller.

Calculemos. Si se aprovechan las incursiones al baño desde temprana edad, un hombre cualquiera habrá acumulado al final de su vida ciento ochenta días de sana lectura –equivalentes a unos doscientos libros– y bien podrá considerarse un alma culta. Alguien preparado para tomar las riendas de su destino. Y, por qué no, listo para contradecir al jefe de vez en cuando.

Pero cuidado. No todos los libros están hechos para ser leídos en el retrete. Un volumen muy pesado (la Biblia) podría cansarte las manos o entumecerte las piernas. Un libro de encuadernación tosca, que no pueda permanecer abierto con facilidad, será muy incómodo para quien pretenda sostenerlo con una mano mientras con la otra, por ejemplo, se rasca una oreja. Una novela de capítulos extensos, sin pausas (como Cien años de soledad), retendrá al lector más allá del tiempo recomendable (pensemos en las hemorroides). Por el contrario, son muy convenientes los libros de poemas, los cuentos cortos, los aforismos y todo texto que se lea de principio a fin en pocos minutos. Allí están los haikus. Los diccionarios. Las revistas. Los libros de recetas. Los manuales de oración.

En los Estados Unidos, donde hay grandes lectores de retrete y donde se celebra en junio la National Bathroom Reading Week [Semana Nacional de la Lectura en el Baño], existe una editorial especializada en la materia: Uncle John’s Bathroom Reader sólo publica libros para leer en ese recinto. Son textos fáciles, de chistes y variedades, que pueden satisfacer a un lector poco demandante, pero no a quienes buscan un verdadero trago de cultura antes de jalar la cadena. Para ellos el novelista japonés Koji Suzuki (autor de The ring) publicó en el 2009 la primera novela impresa en un rollo de papel higiénico: Drop es un thriller pensado para ser leído y usado, capítulo a capítulo, en el retrete. Lamentablemente, aún no ha sido traducida al español. Snif.

Pero lejos del interés comercial que rodea la lectura de retrete, quizá los franceses han sabido hallar la recóndita conexión entre dos actividades en apariencia irreconciliables. «Entre el vientre que se alivia y el texto se instaura una relación profunda –escribió Georges Perec–, algo así como una intensa disponibilidad, una receptividad amplificada, una felicidad de lectura: un encuentro entre lo visceral y lo sensitivo».

Este blog está destinado –a quienes como Perec, Miller, mis sobrinos y yo–, no podemos entrar a le toilette sin llevar algo divertido que leer.

  1. cronicasdewaterloo ha publicado esto
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